Fui prisionero del cemento.
la varilla y el zinc;
mi compañero de celda era el miedo,
que me robaba cada día ser feliz.
Gritaba sin voz al cielo,
como un niño suplicaba a mi juez;
que liberara mi vida del desconsuelo,
que rompiera las cadenas de mi ser.
Ahora esos días escaparon de mi mente,
ya no taladran mis oídos aquellos gemidos de metal,
por fin ahora puedo bailar con mi gente,
por las noches me arrullan cantos de paz.
Comentarios
Publicar un comentario